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La formación musical para la boda
Sin duda uno de los elementos más imprescindibles en la boda es la música. A través de ella los músicos son capaces de amplificar los sentimientos que fluyen en ese día, y hacen de la ceremonia un momento mágico y lleno de sensibilidad.
¿Cuál es la formación ideal? ¿De cuántos músicos?

Hay varios factores que intervienen en la elección del número de músicos que deben tocar en una boda.
Por una parte, el lugar de la celebración. ¡No es lo mismo una catedral que un jardín!
Cuanto mayor sea la iglesia, más músicos pueden tocar sin riesgo a saturar la celebración. En grandes iglesias, para llenar de música todo el espacio, cuatro músicos es una formación ya bastante completa: dos solistas, un acompañamiento y un bajo es una formación bien equilibrada.
Para recintos pequeños, tipo ermita o capilla, dos músicos sería lo mínimo: un instrumento solista y un acompañamiento.
Por nuestra experiencia, la formación que da mejores resultados es la de tres músicos: dos solistas y un acompañamiento. Es una formación equilibrada que permite alternar a los solistas, proporcionando así mayor variedad.
En las ceremonias al aire libre, donde los músicos están más cerca de los invitados, dos músicos son suficientes, aunque es recomendable situarlos en algún rincón con buena acústica o bajo techo, para una buena proyección del sonido.
También hay que tener en cuenta otros detalles, como el número de invitados, si hay misa en la ceremonia, el número de lecturas...

¿Y qué instrumentos?
En una boda hay momentos de gran emoción, como la entrada de la novia, momentos de recogimiento, más íntimos, como el ofertorio, y momentos más festivos y brillantes como la imposición de los anillos o la salida de los recién casados. Es por todo esto que lo mejor es ir alternando la sonoridad en cada momento.
Lo recomendable para los instantes más vigorosos es el timbre lleno y vibrante de una soprano acompañada del órgano. Para los momentos de gran sensibilidad, el timbre cálido de un violín aumenta la emotividad y la ternura.
Lo ideal es combinar ambas sonoridades, con gracia y con gusto, pero también con criterio, para que se pueda sacar el máximo provecho a la música, y para que quede perfectamente encuadrada y bien equilibrada en el transcurso de la boda.
TRIO XXI – Música per a bodes
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